De influencers y el arte de opinar

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No entiendo a los que se esfuerzan en persuadir a otros. A las y los que hacen de la consejería estilo de vida y profesión. En verdad no la/os entiendo, y lo que no entiendo tiende a molestarme. Así que ya imaginaran que gran parte de mi vida estoy molesto.

Persuadir es violentar, y no hay violencia que no trasgreda la libertad.

Para mi desgracia, estamos en una época que si algo ensalza es la influencia de algunos individuos sobre otros, los bien llamados influencers. Es tan grave la situación que se imagínense que hacen cenas a las que se invita a los más influyentes del país. Incluso se pueden tomar cursos para convertirse en uno. Madres y Padres de familia, tomen nota, ya no se preocupen por la educación de sus hijos, ahorren para que les paguen algunos cursillos y antes de lo que imaginan sus criaturas estarán ganando millones.

Existen muchos tipos de influencers, pero prefiero clasificarlos según dos categorías: los idiotas y los intelectualoides. A los primeros los tolero, porque ser idiota y presumirlo tiene su mérito; pero a los segundos, a esos ni acompañados de un buen tequila o una rica taza de café.

A propósito del café, hay un programita de radio en el que adoran tomarlo mientras platican sobre temas de “interés” general, invitan “especialistas” y dan “consejos”. Hasta ahí todo bien…No, esperen, todo menos bien. ¿Por qué? Al menos por dos razones: la primera, resulta que cada especialista va al programa y habla de un tema, pero no lo hace por vocación altruista o pedagógica, no, que va. Los mueve un interés comercial, pues, convenientemente la mayoría de ellos tiene el negocio, producto, o servicio que se necesita para dejar de ser infeliz.

“Que mire, que usted no rinde en su trabajo porque no se completa su ciclo del sueño, que normalmente debe pasar por la fase tal, tal y tal. ¡Ah! Pero no sufra más, vaya a mi negocio que está ubicado en tal dirección y le tenemos el colchón que usted necesita”.

Segunda razón, y acaso la más alarmante. Desde su pedestal de líderes de opinión se atreven a decir cada sandez, la cual está debidamente matizada de intelectualidad, para que trascienda. Casualmente, cada opinión se ajusta al invitado y tema del día, lo que hace que, ese día, sea la verdad absoluta, mañana el señor dirá.

En una ocasión, recuerdo, alguien dijo, palabras más palabras menos: “…Ahora entiendo, todo es causa de las hormonas, hemos tenido muchos invitados, pero ahora comprendo que todo nuestro comportamiento está regido por las hormonas”.

El comentario puede parecer inocente, pero está muy lejos de serlo. Y tan preocupón que soy, no deja de aquejarme cuantos radioescuchas pudieran hacer ley de vida ese comentario, por provenir de una influencers.

Me explico: el comentario puede tener consecuencias graves, y dudo mucho que alguna feminista lo apruebe. Sí aceptamos que las hormonas son causales de todo comportamiento, entonces justificamos que los hombres sean violentos, pues, al ser el macho de la especie, están condenados a los altos niveles de testosterona, hormona asociada a las conductas agresivas. Y créanme, hay muchos que se justifican por ese motivo.

Lo bueno es que dudo que las personas tomen enserio tales afirmaciones; ni que los medios de comunicación manipularan a las masas.

Qué bueno sería que en esos programas, por amor a la honestidad, al inicio y al final del mismo, se trasmitiera un eslogan que advirtiera que es un programa de infomerciales y que lo que ahí se dice es todo a título personal del personaje que lo mencione, y como los actos peligrosos no beben intentar aplicarse en casa.

En fin, estas son mis opiniones con las que espero nadie esté de acuerdo. Si alguien lo está, lo invito a leer de nuevo el texto, porque de plano no entendió nada.