Correr al Coro Polifónico, ¿a quién hace feliz?

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Amigas/os, ¿saben cuál es el secreto para ser felices? Bueno, en realidad no es secreto, sino información de dominio público. Ríos de tinta han influido para darlo a conocer. Se dice fácil, hacerlo es más complicado: todo está en procurar canalizar nuestra energía en ser y no en tener. Así de sencillo, es una cuestión de verbos.

Nos complicamos la vida tratando de obtener las cosas que nos garanticen vivir felizmente. Cuando deberíamos preocuparnos más por ser felices, que no es otra cosa que enfocarnos en disfrutar lo que nos ha tocado ser: ser madre, ser tío, ser amantes, etc. Ser, ser, ser, siempre ser, esa es la respuesta a la pregunta de Shakespeare.

Y no es que sea malo querer tener cosas. No, para nada. Por mucho que nos quejemos nos tocó vivir en una sociedad que inventó la propiedad privada, pero en nosotros está decidir cómo nos afecta el poder tener o no tener el nuevo teléfono celular, ese que cuesta como treinta y tantos mil pesos, o una casa en una zona exclusiva.

Notó lector/a que escribí “poder tener…”, es así, tiene el que puede, el que puede tiene. Se puede resumir en una elegante ecuación: Tener = Poder. Equivalencia directa, si aumenta el tener aumenta el poder, y viceversa.

Ya, ya, ya… A que voy con tanto rollo. Derecha la flecha. De entre todas las cosas que otorgan a una persona poder, quizá la más frágil sea la política; el tener un cargo público. Esa la ficción de poder, también, más peligrosa. Se necesita unas pocas gotas para enfermar a cualquiera. Digo que es una ficción porque en realidad el poder que se confiere no es de la persona, sino del cargo, y si el cargo se va, pues se va el poder. Y si no se tiene poder en realidad, y sí mi fórmula no está equivocada, tampoco no se tiene nada.

No se tiene carro, no se tiene oficina, no se tiene espacios, no se tiene nada, porque simple y sencillamente esos objetos no son de la persona, sino de la ciudadanía. Pero ahí tienes a muchas/os que se apropian de las cosas, porque creen que pueden. No, nos equivoquemos. Cuando el cargo se termine, esas cosas se quedan. Lo único que se lleva la persona es lo que fue, lo que es, lo que será.

Nada justifica que un funcionario le niegue el acceso a un grupo de ciudadanos que necesitan de él, que lo aprovechan, y que además crean cosas maravillosas que contribuyen a crear una mejor sociedad. Es el caso del Coro Polifónico de Los Cabos, que según me entero por las noticias han sido desalojados del espacio que usaban para ensayar, sin justificación alguna.

En esto hay que ser claros, no hay justificación. Pues sí bien el Pabellón de la República es un edificio que demanda un fuerte gasto en su mantenimiento, y que por ello deben buscarse los medios para que sea autosustentable, el espacio que las/os niñas/os y jóvenes dirigidos por el profesor Remigio ocupan para sus ensayos debe recibir mantenimiento estén o no estén ellos en el lugar. Así que, si se le va a invertir para que esté solo, en nada perjudica que se le invierta para que ellos estén ahí, creando cosas tan hermosas, arte de un alto nivel, sin exagerar.

Con el respeto que se merece la nueva directora del Instituto de la Cultura y Las Artes, le pido revalore la decisión. Espero pueda leer esto. Espero también este de acuerdo conmigo en que la felicidad está en ser y no en tener. Y si de por sí ya nos complicamos la vida batallado con las cosas que tenemos, ¿para que batallar con cosas que no nos pertenecen? Apreciable Directora, Elea, mejor sea, sea una servidora recordada por facilitar todo lo necesario para que los artistas hagan lo que mejor saben: Crear.